Motivación
30/04/2016

El trabajo construye identidad

Dar lo mejor de nosostros, independientemente de las circunstancias, es el mejor trabajo que podemos hacer.

La celebración del Día Internacional de los Trabajadores tuvo origen allá por el 1886, en la reivindicación de  la jornada laboral de 8 horas.

En la actualidad, el empleo y sus condiciones se han transformado radicalmente redefiniendo el papel del trabajo en la sociedad.

Bajo una óptica realista, no todos tienen el trabajo que aman, otros lamentablemente no tienen uno y entre la competencia y la actualización espontánea de la información, el mercado empleador es cada vez más complejo.

Sin embargo el trabajo claramente traspasa la  estructura  económica y nos brinda una perspectiva de riqueza intelectual e incluso social, acercándonos a interactuar con otras personas, no solo como fuente de realización personal sino también con la intención de que un trabajo bien hecho sea la oportunidad de generar más trabajo.

En KSI tenemos el lujo tenernos, de compartir la visión de hacer nuestras tareas con compromiso y calidad, porque cuando damos lo mejor nos sentimos positivos y eso beneficia a todos. 

Es un día en el que homenajeamos a todo el equipo, no solo comiendo un locro riquísimo (muchas gracias smiley), sino también reivindicando que "el todo es más que la suma de sus partes".

 

"Todos somos" (un cuento que escribí para mi sobrino que me preguntó qué era el trabajo en equipo)

Los cubos de encastre fueron creados para formar estructuras, crear objetos que tuvieran una representación.

Un cubo amarillo había escuchado muchas veces que el todo es más que la suma de sus partes. Esto lo alteraba, casi lo volvía loco. Estaba harto de tener que encastrarse con otros para tener un significado, para ser algo. Creía que tenía la capacidad de crear un sentido por sí mismo, liberarse de las estructuras. Fue así como huyo de la caja de juguetes de Martín, escapó por la ventana sin mirar hacia atrás. No llevaba cosas consigo salvo la convicción.

Viajó por muchos lugares, habló con cuanto juguete se encontraba para tratar de encontrar una respuesta y aunque quizás no había planteado una pregunta, hacía tiempo que dudaba hasta de dudar.

Un día en su camino se cruzó a un niño llamado Atilio, tenía 10 años en ese entonces y un tiempo vital por delante infinito desde su perspectiva. A penas vio al cubo lo tomo entre sus manos y lo besó. Qué hermoso pato que eres, también un inmenso sol y mientras lo giraba para ver todas sus caras le seguía hablando. Una simpática jirafa, lo más luminoso de un castillo multicolor, el centro del huevo frito, rico para mojar el pancito, un… ¡Pará!, grito el cubo amarillo. ¿No ves que soy sólo un cubo, uno solo, cuadrado sin más, es que acaso no ves? Atilio ríe sanamente. Claro que veo que eres un cubo. También veo al pato, a la jirafa y el centro del huevo, todo eso dentro de ti. ¿Cómo hacer un sol amarillo sin ti cubito?

El cubo amarillo hizo una pausa y encontró la respuesta. Ese mismo día volvería a la caja de juguetes de Martín. Ya sin protestar, se sentía agradecido de colaborar con otros cubos que sin él tampoco llegarían a reconocerse a sí mismo.

 

Hasta la próxima. 

Fuente: https://goo.gl/zI4rvz